PROYECTOS - Fondo Memorial Eduardo Vargas


"Que donde haya pena lleve tu gozo, Señor"
Francisco de Asís

En 1993, Eduardo, el primer hijo de Ramón Vargas y su esposa Amalia, vio la luz en un hospital de Italia. Desgraciadamente, por una negligencia de los médicos que atendieron el parto, el pequeño sufrió al nacer una encefalopatía hipóxica que le provocó un daño cerebral irreversible.
En los meses siguientes, Ramón y Amalia recibieron con dolor el diagnóstico que les fue confirmado por los diversos especialistas consultados sucesivamente en Europa y Estados Unidos, así como los consejos que les dieron, todos enfocados a la resignación ante un cuadro clínico prácticamente desesperado: parálisis cerebral en grado de cuadriplegia.
Enfrentados a esta terrible realidad, decidieron luchar y hacer todo para que Edu tuviera las mejores y más dignas condiciones de vida posibles: prácticas y ejercicios diarios, en que participaban tanto los terapeutas como
los propios padres y familiares; atención personal permanente para que el niño nunca se sintiera aislado, relegado, sino por el contrario, totalmente integrado a la familia y sus actividades cotidianas; y sobre todo, una enorme cantidad de cariño, de amor por parte de todos los que le rodeaban.

Por muy agotadoras y dolorosas que le pudieran resultar las sesiones de terapia, Edu siempre se mostraba valiente, esforzado y deseoso de responder a los estímulos. A medida de que pasaban los años y tomaba cierta conciencia de sus limitaciones físicas, también empezaba a dar muestra de desesperación ante la imposibilidad, a veces, de realizar los movimientos que deseaba o se le pedía hacer, pero su fuerza de voluntad era un ejemplo para todos, como lo era igualmente su asombrosa serenidad a pesar de situaciones tan adversas.
Tan notorio era su deseo de superación que los terapeutas albergaban la esperanza de que, aprovechando la vista y el oído -sentidos que Eduardín tenía particularmente agudos- y asistido por herramientas tecnológicas, lograría con el tiempo desarrollar un modo de expresión satisfactorio, al igual que tantas otras personas afectadas por la parálisis cerebral, como la escritora Gaby Brimmer o el científico Stephen Hawking, para citar los casos más conocidos.

Escuchar música, ópera en particular, era tal vez el único verdadero placer en la vida del pequeño Eduardo, y su máxima alegría, oír cantar a su padre. Aun cuando no podía expresarlo con palabras, su gozo era evidente y, al escuchar sus arias favoritas, especialmente, las de Rigoletto y de Werther, expresaba su emoción con grandes y hermosas risas.

Pero, de manera sorpresiva, en los primeros días de enero de 2000, la vida de Eduardo se extinguió.

A lo largo de los seis años de vida de su hijo, y su interminable peregrinar entre hospitales y centros de terapia, Ramón Vargas y su esposa tuvieron oportunidad de conocer numerosos casos, algunos desgarradores, de niños afectados por el mismo padecimiento, y de otros padres desamparados que vivían las mismas angustias. Pudieron darse cuenta cómo, aunado al dolor de ver sufrir a sus hijos, la mayoría de ellos se encontraba con dos circunstancias que agravaban aún su impotencia para enfrentar esta situación: Por una parte, las limitaciones económicas que les impedían costear sesiones de terapia, atención médica permanente, aparatos y equipo especializados, indispensables al desarrollo del niño; y por otra, la falta total de información respecto de la enfermedad, la cual suele llevar a los más diversos y crueles prejuicios hacia el niño enfermo y sus padres, hasta el rechazo por parte de la sociedad e incluso, en no pocos casos, por parte de los propios familiares.

Desaparecido físicamente su hijo, Ramón y Amalia no quisieron sin embargo desligarse por completo de esa triste experiencia en busca de un olvido más "cómodo" sino que, por el contrario, optaron por perpetuar el recuerdo y el ejemplo de Eduardo, ayudando a otros niños especiales como él.

Es con este espíritu que decidieron establecer el Fondo Memorial Eduardo Vargas y, de inmediato, varios amigos se sumaron generosamente a sus esfuerzos.La creación y los propósitos esenciales del Fondo Memorial Eduardo Vargas fueron dados a conocer públicamente a través de un concierto de gala ofrecido por Ramón Vargas y la joven soprano norteamericana Noëlle Richardson, acompañados al piano por la georgiana Mzia Bachtouridze, en la Villa de la Fundación Rothchild, en Saint-Jean Cap Ferrat (Francia), el 1º de julio de 2000.

Los beneficios recaudados en esa ocasión fueron canalizados a través de "Vamos", una fundación con larga experiencia en actividades de desarrollo social en la población más desprotegida de México, hacia varios programas de apoyo que cubren básicamente los siguientes aspectos:

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Capacitación a promotores y terapistas comunitarios

- Información y apoyo a padres de niños con necesidades especiales

- Atención directa a niños y jóvenes discapacitados.

Esos programas son actualmente implementados a través de cuatro organizaciones sociales:

1. El Centro de Atención Infantil "Piña palmera".
Fundado en 1984 y ubicado en el sur del Estado de Oaxaca, su misión es la rehabilitación de personas con discapacidad, así como la atención a las familias de escasos recursos de esa región, para mejorar las condiciones de vida de los niños discapacitados, lograr su desarrollo mediante su participación activa, y motivar su independencia e integración social.

2. El Proyecto "Más Válidos, A.C."
Fundado en 1989 en el Valle de Sinaloa, busca la prevención, rehabilitación e integración social de jóvenes (menores de 25 años) con alguna discapacidad y en situación de pobreza, que no reciban ningún apoyo por parte del sector oficial de protección a la salud.

3. "Ararú", Alternativas de Comunicación para Necesidades Especiales, A.C.
Organización con sede en la Ciudad de Querétaro, tiene como fin primordial la difusión de información acerca de la discapacidad, con el propósito de facilitar la comprensión de la situación de las personas que la padecen, promoviendo su rehabilitación y reintegración social.

4. "La Sonrisa de Dios", I.A.P.
Fundada en 1992 en San Juan del Río, Estado de Querétaro, da atención a niños con facultades intelectuales diferenciadas, y capacitación a sus familiares para que los acepten plenamente y sepan cómo atenderlos.

Además de las aportaciones financieras que han realizado hasta ahora tanto amigos como generosos donadores anónimos, el Fondo Memorial Eduardo Vargas se nutre de los recursos generados por los conciertos ofrecidos por Ramón Vargas. Después del ya mencionado primer concierto, ofreció un recital en el Teatro de Lucerna, Suiza, el 19 de noviembre de 2000, nuevamente acompañado por la pianista Mzia Bachturidze. Y recientemente (el 16 de junio de 2001), un gran concierto de gala en la Ópera de Monte-Carlo, en que Ramón Vargas interpretó arias y duetos de ópera con la soprano húngara Andrea Rost, acompañados por la Orquesta de la Ópera de Monte-Carlo bajo la dirección de Vjekoslav Sutej.

Al igual que los ya mencionados, otros artistas de gran renombre han ofrecido su colaboración amistosa a Ramón Vargas y se está planeando, para los próximos años, la realización de varios conciertos en que alternará con colegas como Angela Gheorghiu, Roberto Alagna, Renée Fleming y Andrea Boccelli, entre otros. La fecha, el lugar y toda la información referente a los conciertos futuros aparecerán más adelante en esta misma página.

Si desea más información acerca de las actividades relacionadas con el Fondo Memorial Eduardo Vargas, y desea aportar recursos para la operación de sus diversos programas de apoyo, por favor, mucho le agradeceremos hacérnoslo saber, enviándonos un mensaje a través del correo electrónico
: contact@ramonvargas.com.

De antemano, ¡muchas gracias!


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